
Foto: Ruben Mateos
Cuando uno va adquiriendo experiencia en el mundo del deporte competitivo aprende a relativizar la importancia de los mensajes negativos que envían las malas sensaciones entrenando.
Esta semana ha sido para mi un autentico desastre nadando, ya que de los 4 días que nade antes de Villameca todos me salieron mal.
El viernes viajé con Alejandro Pelayo para el Triatlon y cuando el sábado por la mañana fuimos con Noe a ver el circuito no pudimos hacerlo porque nos dejamos la bomba en el hotel. Al volver a recogerla tuvimos un problema que me genero muchísima tensión en el cuello y cuando por fin salimos me di cuenta de que el cambio de la bici se había bloqueado, por lo que tuve que hacer 20 kilómetros sin poder cambiar. Al llegar al hotel y solucionar el problema del cambio observo que he pinchado el tubular de la rueda delantera, así que me toca correr con una rueda delantera vieja que había traído de milagro,,,, PFFFF!!!!
Llego a boxes y me dan el dorsal 13. No soy nada supersticioso, pero la historia empezaba a oler mal, agravado por la compañía de Pelayo, que no es en competiciones precisamente el tío mas afortunado del mundo, y de hecho pinchó en el km 20 (prometo post aparte con sus aventuras.
Meto la bici en boxes y compruebo que el cambio electrónico no funciona en la posición del acople…. ¿será esto una señal para que no salga a competir? No creo en ese tipo de señales, asi que en la camara de llamadas busco al mejor nadador (Dani Muñiz) y me dispongo a intentar seguirle hasta la primera boya. le cojo los pies sin problemas y sin golpes y a los 200 metros empiezo a hiperventilar notando sensación de ahogo, siendo la segunda vez que me pasa este año, asi que me abro, nado a braza durante 20 segundos que parecen una eternidad. Noto bastante miedo y no me retiro porque la orilla está cerca, pero me da tiempo a tranquilizarme y a pensar que aun tengo tiempo de volver a entrar en carrera en una prueba sin drafting. Noto que no deslizo nada, pero consigo que me entre aire en los pulmones de nuevo y nadar a pies de Ramón Arias.
Salgo hacia el puesto 15º del agua cuando contaba con haber salido 2º o 3º, y pienso que aunque estoy lejos de mi mejor momento de forma es el momento de olvidar la mierda de sábado que llevo hasta ahora y disfrutar de una prueba a la antigua usanza como es Villameca. Remonto muchísimos puestos en los primeros 10 kilómetros alcanzando a Alberto Casillas en el km 8 y juntos llegamos hasta el segundo puesto ocupado por Manu Piñeiro en el km 26. Dani Muñiz ya es inalcanzable, pero por fin ha vuelto el enfoque positivo. 270 watios y 42,3 kms/h indican que superar corriendo a Piñeiro y Casillas va a ser difícil y de hecho se me van 15 segundos en el primer kilómetro. Les alcanzo en el kilómetro 2 y las piernas responden con fluidez, yendo a más conforme van pasando los kilómetros, pero las piernas de Manu pudieron más y al final tuve que conformarme con un 3º puesto que veía muy difícil 3 horas antes.
Estoy contento de haber venido otra vez a Villameca, ya que me ha recordado que hago este deporte por disfrutar, y que a pesar de ello me gusta intentar superarme a mi mismo temporada a temporada. Me he despistado un poco en las primeras semanas de preparación para Hawaii y es el momento de ponerse las pilas.
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